Como te iba contando

25 de mayo448

Primero fue el Profeta: un brasileño salido de la nada que se convirtió en el guía iluminado de oscuras caceroleras. Ellas bebían sus palabras al ritmo del plaka-taca-taca, esperanzadas, porque aquello iba a durar cinco días. “Dios y la Virgen Dorada de Altamira te oigan y te colmen de bendiciones, Profeta libertario” -Tuiteaban eufóricas entre cacerolazo y cacerolazo. Sus hijos, en la calle, encapuchados, portadores del fuego sagrado de la libertad. El Profeta así se los confirmaba. Madres bendecidas por un charlatán, orgullosas apretaban en sus manos rosario y cucharón.

Caducaron los lapsos del Profeta. Las cacerolas ya no daban para más. El fuego guarimbero se apagó con el hastío del autoencierro. La esperanza, como las palabras del Profeta, se apagó.

Pero no todo está perdido, el plan dirigido al “pueblo ignorante” y supersticioso continúa, su mensaje de terror: sangre, sangre y más sangre, terremotos, maremotos, epidemias mortales, explosiones, uranio…

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