La cruda contemplación de la gran convulsión de los intereses
materiales que sacuden ahora Europa, desde Gibraltar a Moscú y
desde Glasgow a Constantinopla, nos asombra, y cuán inmensamente
ramificadas están las relaciones de Europa con el resto del mundo
habitado, ¡por no hablar de nuestro propio país! Incalculables son de
hecho los efectos que lo ya ocurrido debe indefectiblemente producir
sobre aquel intercambio colosal de las producciones de continentes
remotos, a través de mares sin fronteras en su comercio con aquel
gran foco de la industria y la civilización, Europa. Con Londres como
su gran centro, el comercio mundial se extiende como los delicados
hilos de una tela de araña desde el escondrijo tubular del monstruo en
miniatura”.

Carta anónima al editor del The New York Times, 12 de diciembre de 1857

La Contribución a la crítica de la economía política—editada por Franz Duncker en…

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